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La creación de las creencias religiosas a las que Egipto debe su gran fama está envuelta en el misterio, lo mismo que la creación de la propia nación. Sólo los monumentos que han sobrevivido a través de las épocas prueban irrefutablemente que la teocracia fue el sistema de gobierno que mantuvo su influencia en Egipto. Es egipto.comcierto también que desde tiempo inmemorial el sacerdote egipcio fue tanto un siervo de Dios como un siervo de la ciencia, cumpliendo de esta manera las dos tareas más importantes confiadas a la Humanidad: el trabajo del espíritu y el trabajo de la razón. El poder supremo estaba en las manos de un sumo sacerdote o hierofante (mantenedor de la palabra sagrada), cuyas órdenes, dadas en nombre de Dios, eran transmitidas y obedecidas por los sacerdotes a él dedicados.

Originalmente Ta-ebeth, la ciudad sagrada del Alto Egipto, era el centro de la nación, pero como consecuencia del rápido incremento de la población se fueron estableciendo puestos fronterizos cada vez más al sur, a lo largo del Nilo, hasta que a su debido tiempo los egipcios habitaron también el delta.

La nación estaba dividida en cuatro clases o estratos sociales, compuestos por los sacerdotes, soldados, comerciantes y trabajadores. Los soldados, que evidentemente no eran una clase productiva, vivian gracias a las otras clases a cambio de defender la seguridad nacional y pasaban arrogantemente la mayor parte del tiempo sin hacer nada.. Gradualmente, con el poder de sus armas, fueron suprimiendo a los dirigentes espirituales y finalmente, con Menes, proclamaron la monarquía cambiando la tiara del sacerdote por la corona de un rey. De esta forma, Menes se convirtió en el fundador de las dinatías egipcias.

Los sacerdotes fueron privados de su poder dominante, pero pronto resultó evidente que para una nación educada en una tradición religiosa el poder de la monarquía era insuficiente por sí soloy no resultaba lo bastante absoluto como para tener un efecto espiritual. Entretanto, el conocimiento y comprensión, esfera de los sacerdotes, se desarrolló a su propia manera, pues una revolución no podía reprimir o forzar de ningún modo el conocimiento. Ta-ebeth, el gran centro, no perdió nada de su influencia o prestigio y Menes consideró necesario, finalmente, fundar su propia capital, que habría de estar muy bien defendida, pues su autoridad se basaba sólo en la fuerza militar. Esta nueva ciudad recibió el nombre de Memfis y durante algún tiempo fue uno de los centros más importantes de Egipto. Curiosamente, hoy no queda nada de esta ciudad en ruinas entre El Cairo y Sakkara. Incluso su localización es un misterio, mientras que las impresionantes ruinas de Ta-ebeth siguen proporcionando una percepción de la gloria mayestática de aquellos tiempos.

Lola Xaxo | lola_xaxo@hotmail.com